Es curioso, me está dando más tristeza de la que esperaba la muerte de Patrick Stewart. Creo que tiene que ver con lo mucho que me cuesta separar al actor de Jean-Luc Picard en Star Trek. Hay personas a las que nunca has conocido y que, aun así, han formado parte de tu vida. Para mí, él era una de ellas. Se siente un poco como si se hubiera ido alguien de la familia.
Suelo desconfiar bastante del «todo era mejor antes». La nostalgia tiene una facilidad tremenda para editar los recuerdos y dejar fuera lo que no le interesa. Pero con TNG (La nueva generación) creo que había algo que iba más allá del cariño por una serie que veías de adolescente: te hacía confiar en que el futuro podía ser mejor.
Y eso es algo que agradezco especialmente. Imaginar que llegaríamos a las estrellas y que, por el camino, también habríamos aprendido a convivir. Que podríamos superar muchos de nuestros prejuicios, dejar de poner el dinero en el centro de todo y dedicar más tiempo a conocer y comprender el universo. El progreso también consistía en ser mejores personas.
Pienso en cómo sonaría presentar hoy una propuesta así: una nave dedicada a explorar, con una tripulación que sabe trabajar junta y cuyos miembros no necesitan traicionarse cada dos episodios para mantener nuestro interés. Personas que, ante lo desconocido, intentan comprender antes de disparar. Que recurren a la diplomacia, al conocimiento y a la negociación porque creen en ellos.
Una serie en la que explorar el espacio también significa preguntarse por la dignidad, la discriminación, la muerte o los límites de nuestras propias convicciones.
Aquel optimismo tenía mucho valor: mostraba una humanidad que seguía cometiendo errores, pero que era capaz de reconocerlos y aprender. Cooperar exigía esfuerzo. Entenderse requería escuchar. Y tener unos principios significaba estar dispuesto a defenderlos también cuando resultaba incómodo.
Qué suerte haber crecido con una serie que se tomaba tan en serio esa posibilidad. Un futuro al que apetecía llegar. Viendo cómo están las cosas, vuelvo a aquellas escenas y me doy cuenta de cuánto necesito todavía esa forma de mirar hacia delante.
Entonces eran episodios de una serie de ciencia ficción. Con los años descubres cuánto te hicieron pensar y cuántas de aquellas ideas siguen acompañándote.
Quizá por eso me cuesta tanto separar a Patrick Stewart de Jean-Luc Picard, es/son un referente una inspiración. Su forma de interpretarlo hizo creíble a aquel capitán y también al futuro que representaba. Y yo todavía sigo dándole vueltas a muchas de las cosas que decía.
Brindo con un té Earl Grey caliente por Sir Patrick Stewart. Por lo que nos hizo sentir, por todo lo que aprendimos mientras creíamos que solo estábamos viendo una serie de naves espaciales y por dejarnos un poco de esa confianza en lo que podemos llegar a ser. 🖖






